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Abr '23

¡Nos vamos de campamento!

La experiencia de salir de casa y conocer a otros niños sin la presencia de los padres es una oportunidad única para que tus hijos crezcan y se desarrollen de forma integral. Deja atrás tus miedos y ofrécele a tu hijo unas semanas inolvidables. Aquí te decimos cómo

Cuando se acercan las vacaciones el hogar comienza a revolucionarse: los hijos están ansioso por terminar el colegio y ansían que lleguen los días en los que podrán divertirse a toda hora. Pero también los padres comienzan a angustiarse, porque si no han logrado hacer coincidir sus vacaciones laborales con las vacaciones escolares, entonces hay que pensar qué hacer con los hijos mientras se está en la oficina. Los planes vacacionales o campamentos son la opción más escogida por los padres de hoy para solventar ese problema. ¿Este es tu caso? Sigue leyendo.

En los campamentos, los niños aprenden a ser independientes y a desarrollar autoestima y confianza en sí mismo. Es una oportunidad única para mejorar las habilidades sociales, aprender sobre la naturaleza o los temas que les interesen, mejorar su condición física, aprender sobre cooperación y responsabilidad y, también, divertirse como nunca con actividades que generalmente son al aire libre. La fiebre por los campamentos comenzó hace ya algunas décadas y hoy en día es toda una cultura que vale la pena explorar alguna vez en la vida.

Para comenzar a acercarnos a ella, es importante diferenciar entre los tipos de campamentos que existen, que son básicamente dos, dependiendo de los horarios disponibles, las posibilidades económicas y las edades de los pequeños: los que ofrecen la posibilidad de pasar la noche en el lugar y los que son solamente durante el día. Los primeros generalmente duran al menos una semana, mientras que los segundos pueden coordinarse de acuerdo a las necesidades de cada caso.

Si tu hijo muestra interés en pasar varios días fuera de casa, eso es ya una señal que te ayudará a decidir por alguna de las dos opciones. Si tu hijo ya ha pasado la noche sin problemas en casa de algún amigo o familiar, entonces seguramente pueda sobrevivir a pasar una semana entera solo. Si no, quizá podrías coordinar con alguno de sus amigos y asegurarte de que tu hijo asista al campamento con al menos alguien conocido. Cada niño es un mundo, y tú conoces a tu hijo más que nadie. Si sabes que es responsable, que no tiene temor a interactuar con otros niños y otros adultos y si sabes que no tiene problemas con la comida porque come de todo, por ejemplo, entonces seguramente está listo para un campamento con todas las de la ley.

Preparación para todos:

Hay, además de estas dos modalidades básicas de campamentos, muchos más tipos de ellos y la decisión sobre cuál escoger puede ser difícil. Los hay dependiendo de las edades de los niños, algunos ofrecen dormir en carpas y otros en habitaciones, otros campamentos son especializados dependiendo de las actividades que ofrecen (pueden ser deportivos, artísticos, de sobrevivencia, de equitación, de actividades al aire libre o completamente lúdicos… hay para todos los gustos); existen, incluso, campamentos para niños y jóvenes con necesidades especiales.

 
Lo importante a tomar en cuenta para la selección es lo siguiente: el costo, el lugar, el equipo de guías (quiénes son, cuántos guías hay, cómo es su preparación y cuántos años tienen son aspectos a tomar en cuenta y en consideración), las actividades que ofrecen para cada día (como es tu hijo el que va a estar allí, es importante que sea él quien elija lo que quiere hacer) y las condiciones en las que está el lugar. Infórmate muy bien de todo lo relacionado con el campamento que parece ser el más adecuado para tu hijo y recuerda que debes preparar toda la documentación de la inscripción a tiempo para que puedas asegurar el cupo.

 
¡Listo! Ya tienes escogido el campamento y tu hijo ya está inscrito. Ahora hay que hacer las maletas: verifica que en ella vaya todo lo que tu hijo necesita. Generalmente, los organizadores envían una lista de sugerencias que es ideal seguir al pie de la letra. Pero si no, es importante que empaques un poco más de lo que crees que necesitaría. Duplica, por ejemplo, la cantidad de ropa interior por los días que pasará fuera de casa (dos mudas por cada día), incluye almohada, cobija, repelente de insectos, protector solar, artículos de aseo personal e incluso meriendas en caso de que no las ofrezcan. Presta especial atención a lo que informen los organizadores del campamento sobre los medicamentos que tu hijo pudiera necesitar o estar tomando como parte de algún tratamiento.

“Mamitis”, “papitis” o “casitis”

La idea de un campamento es emocionante, pero también puede generar algún tipo de temor en los niños, sobre todo para los más pequeños, quienes seguramente nunca han salido de casa solos. Siéntate con tu hijo y explícale todo lo que va a pasar en el campamento. Si éste tiene actividades que son opcionales, entonces planifica con tu hijo qué cosas prefiere hacer para que luego se lo informes a los guías. 

Generalmente los niños más grandes o los jóvenes prefieren los campamentos en los que se puede dormir, sobre todo porque hacen nuevos amigos y quieren pasar más tiempo con ellos. Muchas veces ocurre que la emoción que sienten durante la espera de su partida se apaga, sobre todo por miedo a enfrentarse a algo desconocido. Es importante que en esos momentos los incentives a recobrar el interés en el campamento, y para ello es importante que pienses en un campamento que sea de su interés. Recuérdale que estarás a solo una llamada telefónica de distancia.

Los especialistas aseguran que el miedo que tu hijo siente antes de la partida es completamente normal, y que posiblemente quiera retroceder en su decisión. Pero también explican que es importante seguir con el curso del campamento. Dile a tu hijo que lo irás a buscar solo si es un verdadero caso de emergencia o solo cuando se acabe el campamento. Es posible que tú mismo comiences a extrañarlo, pero es fundamental que, si hablas con él en algún momento, no le digas que lo extrañas y no le des una mala noticia, porque eso solo hará que lo asustes aún más. Es preferible que le preguntes qué está haciendo, si ha hecho nuevos amigos o cuál es su parte preferida del campamento. Eso le dará confianza.

Si sus ganas de irse persisten, recuérdale a tu hijo las razones por las cuales decidió ir en un principio y qué del campamento lo emocionaba tanto. Pregúntale exactamente por qué quiere irse y haz un plan que permita resolver esos problemas. También sirve que le digas que hay otros niños sintiéndose igual, porque así no creerá que está solo. Quizá haya algún otro niño que ya haya pasado por esa experiencia que pueda sugerirle maneras de superar las ganas de regresar a casa. Siempre dile que lo amas y que estás orgulloso de él por estar allí.  

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